Juan González Soto
Los muertos no resucitan,
vuelven desde el recuerdo,
abren las conversaciones, miran
desde su tristeza hacia la nuestra,
colman de quietud
las mañanas y las noches.
Los muertos saben del momento
más propicio, y, por más que huyamos
de la ocasión (porque se prevé o
se teme), saben esperar
con esa paciencia suya
que es como una esquila
de apestado, que llena el aire,
que impide conocer
el lugar exacto donde suena.
Los muertos no resucitan,
están siempre ahí,
con esa paciencia suya.
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